martes, 22 de junio de 2010

patear un poquito al corazón


En “antes del anochecer” (¡mis referencias son siempre las mismas!), el personaje de July Delpy platica con el personaje de Ethan Hawke acerca de un viaje por Europa del Este, cuando aún era parte del bloque comunista. La televisión estaba en un idioma incomprensible, no había nada para comprar, ningún anuncio en las calles urgiéndola al consumo, y todo lo que podía hacer era caminar, y escribir en su diario. Por primera vez en un mundo donde nadie la empujaba a perseguir antojos o demandas, las ideas fluían velozmente, su cerebro no tenía que resistir asedios, estaba claro y descansado, y era como estar bajo los efectos de una droga, sin necesidad de drogas. El personaje de Ethan Hawke (gringo), dice que siente como si su cultura lo programara para estar todo el tiempo un poco insatisfecho; lo que tenemos nunca es suficiente, y siempre podemos tener algo más, no hay que ser felices ahora, sino después, cuando crucemos a los pastos más verdes de la cerca de al lado, y luego a la de al lado, en una carrera sin fin, sin descanso. Y entonces, ¿tienen razón los budistas? ¿No somos libres del todo hasta que nos liberamos de las cargas del deseo? El personaje de July Delpy responde: ¿no es la ausencia de deseo un síntoma de la depresión? Desear, ya sea un par de zapatos o más intimidad con otra persona, es lo que nos recuerda que estamos vivos, y tenemos ganas de seguir viviendo.

Esa conversación me da vueltas en la cabeza porque llevo semanas sin desear realmente, nada. No siento ganas de buscar a mis amigos, de salir o bailar, de ver películas, o abrir una nueva novela. Nada. Mi corazón está en blanco. No creo que esté llegando a los límites de una iluminación espiritual estilo Nirvana. Creo, más bien, que estoy muy triste. La ausencia de deseos es una señal de alarma. Pero abrir la compuerta de los deseos es abrir la caja de pandora. Lo que más quiero está lejos, indefinidamente. Si empiezo a desear, me va a doler mucho más esa distancia. Así que me llevo la vida despacito, en estado semi-despierto, con el corazón adormecido, para que el corazón aguante. La hibernación como método de supervivencia.

Es la diferencia entre existir nomás, o estar viva. Aquí enfrente, inmediato, está el umbral para una definición interior. Quién sabe qué inmensa fragilidad o cobardía me mueve a ratos a los estados de latencia. Como si todo doliera demasiado. Pero siempre me dije que valen la pena las tormentas, cuando cae el agua y nos cala, sin impermeable, sin acurrucarnos tras la ventana. Me prediqué cosas como los naufragios, escribí líneas del tipo “quemar las naves del pecho, y perderlas al fondo del mar”. En el discurso, al menos, me inclino a favor de la valentía. Mi definición íntima de la felicidad es la antítesis del adormecimiento (eso también lo digo todo el tiempo); sé, sin duda, que vale la pena no sólo sentir, sino sentir en grande, sentir con todo el sistema nervioso. Y vivir con premura, consciente de la brevedad de todas las cosas. No puedo pasar este tiempo reduciéndolo a espera, mirando el reloj cada dos minutos. El tiempo sólo se va rápido cuando lo vivimos y lo disfrutamos, y para disfrutar, hay que abrir la caja agridulce de los deseos.

Por aquí llueve. No hay tormenta, pero llueve, todos los días. Pienso en la historia particular de mis golpes y mis huracanes, y no es en realidad la tormenta lo más difícil, sino la lluvia que cae sin descanso, la sensación gris de una llovizna que no acaba. Ya sé que prometí menos auto conmiseración, pero la única forma que conozco para liberarme de los arranques de tristeza es escupiéndolos en palabras y palabras, como éstas. Lo que hace falta ahora es una sacudida, patear al corazón un poquito, para que despierte.

2 comentarios:

NAVEL dijo...

HOLA!!!!!

Me gusta el dilema del deseo...
Por mi parte creo fielmente que el deseo es una creación humana, los demás animales solo viven, pero el hombre desea, si desea posee, si posee protege, si protege se vuelve agresivo, etc. la falta de deseo no es un problema cuando logras correr como venado...

Saludos :)

Jimena dijo...

El deseo también puede ser una forma de esclavitud, y a lo mejor la mayor felicidad está en una especie de serenidad absoluta, una aceptación profunda de lo que ya tenemos, y nos rodea. Pero yo, de plano, no tengo mucha madera para el desprendimiento estilo Buda, quizás porque estoy muy abajo en la evolución espiritual, a mí me gusta sentir, y me gusta desear. Lo que creo que no le hace bien a nadie es enfurruñarse cuando no obtiene lo que desea; desear es bonito, es dulce, siempre y cuando no suframos demasiado si los deseos no se cumplen (eso también lo dice Ethan Hawke en la película). Pero sí, caray, es todo un dilema.
Un abrazo! :D