lunes 19 de octubre de 2009

Me detuve a mitad del dia en el primer cafe que encontre, para escribir, y pensar, y tomar impulso para seguir corriendo. Desde hace un anio estoy corriendo. Estoy pintando sobre mi vida con pinceles gordos y veloces, bajo el estres sin descanso de las decisiones de ultimo minuto. Desde hace un anio el futuro es una ventana como a 10 kilometros de distancia, y solo adivino desde lejos sus colores, y su luz. La estabilidad de un trabajo o un lugar para vivir llega con fechas de expiracion determinadas, y transcurre bajo la sombra de tormentas emocionales. La estabilidad amorosa llega mientras todo lo demas se esfuma, y ahora por ejemplo, mientras escribo, no se si tengo dinero suficiente para remontar los meses y las luchas burocraticas que siguen, si puedo o no regresar a Mexico, y si puedo despues regresar a Canada. Es la primera vez en mi vida en que, ademas de no tener trabajo, ni siquiera tengo claramente un pais de residencia. Entre las sacudidas de los terremotos que desde hace un anio no terminan, ciertas verdades aparecen como pilares desnudos. Encontre por fin al hombre con el que quiero pasar toda mi vida, esa es mi certeza interior y yo reposo ahi la frente con los ojos cerrados. A veces llega la angustia en oleadas, el corazon traga saliva bajo las amenazas que flotan sobre nuestra pequenia historia de amor. J. tambien tiene miedo. Me abraza, me cuenta algo chistoso para que me sienta mejor, y me rio, y me siento mejor. Estamos bien por unas horas lejos del mundo. El mundo llega en la maniana a despertarnos, y hace frio.

Me acuerdo de este miedo, estas pausas nada mas para jalar aire mientras ni siquiera los proximos dias o las proximas horas tienen contornos definidos. Se parecen a la primera vez en Toronto, los primeros dias. Igual que entonces, los minutos estan encendidos intensamente. Se me olvidaba que la incertidumbre provoca tambien angustia, y ahora escribo con el viejo hoyo negro jalando aire desde el estomago. Para consolarme, pienso en que de veras estoy viva, estoy viviendo, me ocurren cosas, me sacuden terremotos, se levantan columnas interiores iluminadas suavemente, se fortalecen los musculos de la espalda, y los del corazon, y los del alma. No soy ya la tejedora de ciudades aereas y cristalinas, de suenios minuciosamente inventados. Soy nada mas alguien probando la superficie agridulce del mundo. Y eso me hace feliz precisamente porque no hace mucho, yo le tenia miedo a esas superficies claroscuras y soniaba mucho mas de lo que vivia. Ahora mi vida esta encima de mi como un maremoto azul, poderoso. No queda de otra mas que seguir corriendo, seguir tomando decisiones veloces a dos o tres minutos del avion que sigue, con el pulso acelerado y la gastritis latiendo en la panza que se queja y pide descanso. No hay, todavia, descanso. Pero luces calidas prometen felicidad desde sus pilares desnudos.

domingo 6 de septiembre de 2009

Detras de cada cuerpo y cada rostro una realidad y en el centro, un espiritu azul o violeta, levantando los punios o sacudiendo los hombros y reclinandose con suavidad en el tiempo. Y yo ahi tambien entre los otros corazones, con mis propios dilemas y mis dedos delgados, temblando mis propios terremotos y reconstrucciones, aprendiendo a mirar, y asombrarme.

Escribo esto un domingo que se siente como domingo, con mi pijama de franela, sintiendome feliz. Creo que lo que siempre he querido es compartir mi corazon con un corazon que me asombre, todos los dias (searching for a heart of gold, como en la cancion de Neil Young). Y ahora estoy con alguien que no persigue titulos, ni fama, ni dinero, pero que regresa a la casa con ojos luminosos para platicarme las imagenes y las sensaciones de las calles, la forma en que la gente se reclina en el portal de sus casas al final de una tarde tibia, o la forma en que un ninito corre cargando un bote de basura sobre su cabeza para protegerse en el umbral de la lluvia. Canta en la regadera, canta en la cocina, canta mientras se pone los zapatos, mientras camina, canta para mi tambien todas las manianas, canciones que inventa sobre la marcha. Salta sin defensas sobre el oceano de nuestra cercania con la inocencia de los que se enamoran por primera vez. Ejerce una sonrisa inderrotable siempre, a pesar de su pasado sin refugios, durmiendo alguna vez en campos de maiz, y cada dia, ejerce una sonrisa sin oscuridad, inconsciente de toda su dulzura.

Todo lo que siempre he buscado es un corazon asi. Un alma inteligente y real que no viva para gravitar alrededor de su propio eje, sino para absorber el pulso claroscuro del universo.

Y todo entre nosotros es tambien dificil y dramatico y absolutamente imperfecto. Y mi ritmo cardiaco vuela, frecuentemente, y todos los dias estos ultimos meses puedo murmurar para mi misma que me siento afortunada.

De vez en cuando todavia me detengo para mirarme con incredulidad. Estoy en otro pais, estoy enamorada (y soy correspondida). Mi vida transcurre en otro idioma, en otra latitud, en otra frecuencia, y todo parece nacer de un solo impulso, una sola cadena de impulsos, un solo boleto de avion comprado a las prisas. Y quien sabe si todo esto es parte de alguna trama dibujada debilmente frente a nosotros, sobre la que cada quien navega inconscientemente, o de la que algunos se desvian para perderse en laberintos individuales, o si el disenio cambiante de nuestras vidas es accidental y tambien deliberado. El caso es que mi vida me sorprende, y esa sensacion me gusta. El futuro me parece ahora tan incierto como el ultimo anio de mi vida, susceptible a otros impulsos y otras metamorfosis aceleradas o pacientemente construidas. Y esa sensacion me gusta.

Y todo esta, como siempre, en mis manos. Mi vida tiembla (como siempre) entre mis dedos. Me pregunto si tengo la fuerza que necesito para cerrar los ciclos que han estado abiertos demasiado tiempo, y para sumergirme con firmeza en los ciclos que se abren.

Pero tengo que decir, hoy, a todos, no se preocupen por mi. Estoy bien.

sábado 8 de agosto de 2009

Esperanza. La salida facil para los ingenuos. El vicio sucio de los que suenian. Somos siempre nuestro propio director de camara; rodeados por el mundo, por el universo, elegimos close ups o tomas panoramicas, elegimos desde el interior de la cabeza el esquema de la iluminacion en turno, y la esperanza no es mas que una forma de luz, inventada. Sol a traves de la ventana a las 9 de una maniana sin obligaciones, o tarde que cae a traves de arboles o nubes amarillas, o reflejos caleidoscopicos desde el agua, o quinques ambarinos en los rincones intimos de una habitacion sin frio, o galaxias de polvo flotando en horas rojas bajo techos de madera, o cielo infinito golpeado por el viento. En medio de la noche y del suenio me despierto a medias y el duerme a mi lado, bajo la luz azul de la tele encendida.

Nada alegra y nada entristece tanto como la esperanza. Pocos riesgos tan grandes como sentir esperanza, y empezar a creer, en algo o en alguien. Nada cura y nada enferma tanto como la esperanza. Pocas cosas se quiebran tan violentamente como una esperanza.

Cultivo mi esperanza porque no se hacer otra cosa. Si se rompe, me rompo, y nada mas que hacer.

Hace unos dias, camino al trabajo, a traves de la ventana, entre los arboles, junto a las vias del tren, dos venados. Una vez oi a un venado galopar junto a mi cierta noche a la intemperie en los cerritos de Michoacan, pero esta es la primera vez que los miro asi, vivos y despreocupados, viviendo su vida de venados en un cachito de bosque amenazado por los hombres. Ahi nada mas, esperanza. La esperanza es muy cursi, casi siempre.

Y mientras la esperanza se recupera y se recupera mi talento para soniar, todo esta bien y estoy viva. Me gusta la ciudad, el pais, la gente. Canto a todo volumen en la regadera, me peino cuidadosamente en las visperas de mi domingo, me tomo fotos borrosas frente al vapor del espejo, y corro escaleras arriba hacia el proximo tren y el volumen dulce de este dia que nada mas por hoy, suena al Siamese Dream de los Smashing Pumpkins.

Desde el rabillo de mis propios ojos mi escepticismo respira lentamente y murmura entre dientes: a ver cuanto dura esta vez, la alegria. Y sin fe pero con esperanza, el lado mas salvaje de mis decisiones reclina la cabeza hacia atras, desprende las manos hacia la incertidumbre de los anios, todo el tiempo que se extiende por delante, y suenia: para siempre.

domingo 5 de julio de 2009

Primer flash.
Necesito tiempo, que sea mio, mas tiempo, que no pueda ser comprado ni vendido, que no este sujeto a la vigilancia de nadie, sin obligaciones, ni cargas. Tiempo LIBRE, para disfrutar de la tenue luminosidad de estas horas tan extranias, en estas calles verdes, caleidoscopicas, estas horas como capullos de ternura que germinan violentamente, horas como dulces choques electricos para el alma.
Hace mucho que no era tan feliz; a veces solo hay que caer en minutos de una suavidad sin limites, mientras se tejen imagenes para apretar contra mi pecho, luciernagas temblando, para siempre. Tambien, hace mucho que no me sentia tan triste. Triste sin matices, oscuramente triste. La silueta, las manos y la voz de este hombre me quiebran por completo, me parten en dos, me iluminan y me redimen. Lo que pasa es que nunca habia estado enamorada asi, tan dulce y tormentosamente.

Segundo flash.
Pasamos la tarde en la casa de los abuelos de J. No se como, yo estaba de pronto tocando el piano, jugueteando con las notas torpemente, y J. tocaba un pandero, y Oma (la dulce abuela alemana) tocaba la armonica. Y todo sonaba seguramente a musica de ninios, porque los tres eramos ninios, y el momento era un aleteo dulce y torpe, y perfecto.

Sin Flash.
Hay tambien una semilla oscura germinando en algun lugar dentro de mi estomago. Algo negro, lleno de miedo, que a veces se infla como una nube y cae en lloviznas heladas. Y soy entonces todos los gatos sin casa, todos los hombres y mujeres que caminan sin reposo, sin zapatos. Hay dias que son como flechas que dan en el blanco y nada ocurre pero la esperanza toma formas grises. Entonces, solo ocurre que mis parpados se inflaman de un cansancio moribundo. Y una luz parecida a la punta de los instrumentos punzantes va revelando la cara menos atractiva de todo, de lo que tengo en las manos y entre mis brazos, de los suenios que me he predicado y de los saltos mortales que a veces practico.

Yo, la dulce y letargica tejedora de ciudades y escenarios, estoy practicando la realidad concienzudamente, estoy mirando con tristeza como se hunde el escalpelo en la superficie rosada de las promesas que cultivo.

A veces, en dias asi, no hay salida, ni respuesta, ni perseverancia posible. No importa si uno es fuerte o si uno es debil. No hay discursos que nos salven. Nomas ahi, el corazon, completamente roto.

jueves 4 de junio de 2009

Cronica intermitente que empieza al final de un mal dia en el trabajo y termina varios dias despues.

Siento al mundo encima, justo sobre mi espalda. A veces daria lo que fuera por una isla o un pedacito de monte lejos de los explotadores y los explotados. Es dificil sentir la menor empatia por la humanidad en dias como hoy. Hay gente a la que podria odiar, si valiera la pena. No odio a nadie, pero me siento descorazonada, exhausta. Hago lo posible por concentrarme en cosas como la esperanza que tiembla entre J. y yo. El. Musculos fuertes, cabello revuelto para siempre, la disposicion de un ninio impaciente con respecto al universo. Un corazon que lo ha resistido todo limpiamente. Un corazon que se inclina sobre mi con la suavidad de los arboles, y el tacto y las conversaciones nos van tejiendo cada vez mas juntos, y hay puertas interiores que se abren y entonces hay tambien un respeto creciente a lo que en el es cristalino. Sin amargura. Quizas, a veces solo un cansancio que lo moveria a dormir cien anios, como en la cancion de Velvet Underground (solo para soniar diferentes colores hechos con lagrimas). Todo lo que quiero es pasar mi mano por su espalda y asi se diluye la desesperanza de la jornada y recuerdo que hay ejemplares de la humanidad que me gustan, muchisimo, mientras el duerme, a mi lado.

Hay tambien otras redenciones. Las ventanas del tren cuando sale a la superficie de Toronto siguen siendo mi escape favorito. Entonces, a mi derecha todo lo que hay es bosque, sin banquitas ni caminos, ni puestos de comida ni letreros, solo arboles, esbeltos, y luz . Todo es asi, inevitablemente rosa como siempre y diminutas metamorfosis. De un dia para otro, el pasto se cubre con flores amarillas, y entonces de pronto, una maniana, tiembla contra el sol un oceano sin fin de esferas blancas, fragiles, que se desmoronan (suena bonito el nombre en ingles: dandylions). Tengo un nuevo vecino de dos anios que dice WOOOW con entusiasmo honesto, cuando me pongo unos aretes rojos, o J. toca un par de acordes en su guitarra. Le gusta tomarme de la mano por el jardin de atras de la casa y decir “look” senialando y nombrando a cosas en el mundo, a tree, the sun, a wagon; y se alegra cuando me ve, aunque apenas me conoce. El lunes fue Victoria Day, dia feriado para todos, tambien para J. y para mi. Me trajo a este parque donde ahora escribo, un parque del este estrecho y largo, con arroyitos y puentes de madera. En la noche fuimos a la playa a ver los fuegos artificiales. Las familias se acercaban a la orilla del lago cargando sillas plegables y mantas y termos con bebidas calientes. La gente encendia versiones domesticas de los cohetes y las luces, que explotaban casi sin descanso a lo largo de la playa. Un ninito mirando a una luz de bengala enterrada en la arena le pedia “Go up, Go up!”. A nuestro lado habia tres figuras silenciosas: un hombre de mediana edad, moreno, con sus dos hijos, de alrededor de 11 y 8 anios. Habia una severidad austera en el hombre y su silencio y algo enternecedor en los dos ninios, esperando callados y de pie, en la primera fila frente al agua. Tres figuras sobre la arena, sin luces fluorescentes ni sillas plegables ni risas o musica, solo la promesa de los fuegos en el cielo. A ellos los quise, y a J., a mi lado, silencioso tambien, sonriendo.

Hoy el trabaja y yo soy libre. El dia es tibio, hay por fin sol, en porciones generosas. Corrientes tranquilas de agua atras de mi, pajaros carpinteros, arboles de maple, enormes, opulentos de nuevo. Todo es dulce en este momento, mientras una catarina blanca camina sobre mi pierna. Y por supuesto mi corazon tiembla un poco, ojala estuviera el aqui conmigo, quedandose dormido con la cabeza sobre mi panza. Asi las cosas y asi la belleza limpia del parque y de la hora. Y este pinche blog que cada dia es mas cursi pero que le vamos a hacer. Hay otros dias y otras noches de acentos mas oscuros, pero este dia y esta pagina acaban aqui, en el parque, junto al agua.

miércoles 6 de mayo de 2009

Regresan las transcripciones rapidas y sin acentos con muchas faltas de ortografia!

1. En el avion.

Oigo a Manu Chao... "volando vengo, volando voy, deprisa deprisa mundo perdido". A traves de la ventana, cielo inmenso y azul, a mi derecha, una pareja rubia que habla de compras triviales mientras beben clandestinamente de una botellita de tequila. El tiene gripa, se suena a escondidas la nariz y ahora se ha quedado dormido sobre la mesita plegable del asiento (chan chan chan chaaaaaaan, estoy sentada junto a una victima de la influenza?). La ciudad daba una impresion tranquila esta ultima maniana (algo mas de paranoia en el aeropuerto, casi todos usando cubrebocas y cada dos minutos una voz en los altavoces anunciando la epidemia y sus sintomas). Haydee a mi lado, mi mejor amiga en la ciudad inmensa, preocupada por mi felicidad, solidaria. Nos chutamos unas tortitas de arrachera en el aeropuerto, Nos abrazamos varias veces.

Metaforica y literalmente, solo hay aire y vacio bajo mis pies, una vez mas. Muchos kilometros abajo, el mar (segun un test psicologico el mar esta asociado simbolicamente al amor). Por lo pronto, las incertidumbres inmediatas no dejan tomar conciencia de las incertidumbres mayores.

Anoche, de regreso a mi casa, encontre a Denisse (ese es su nombre artistico aunque todos l@ conocen por Charlie, "algun dia te voy a decir mi verdadero nombre, me prometio hace poco), vive bajo el puente que esta cerca de la casa algunas noches, y otras noches vive bajo otros puentes. Sus dialogos son siempre recuentos de desgracias, y casi no mira a los ojos de sus interlocutores. Su vida es ahora un descenso circular del que no puede levantarse. Tenia una tienda de campania, pero se la robaron. No es la posibilidad de tener frio lo que le pesa, sino la imposibilidad de un espacio intimo, "no todo en uno debe estar siempre expuesto a las miradas de los demas", me dice. Es inteligente. Le pregunto si le interesan las novelas y sus ojos se encienden y empieza a hablar de realismo magico y literatura francesa. Anoche, por primera vez en muchas noches, tenia esperanza. Me platico el suenio lejano de irse a una ciudad fronteriza y de ahi saltar a Estados Unidos, irse a Nueva York, y luego saltar de nuevo, a Canada.

Asi que aqui estoy, bebiendo coca con hielo, escuchando "The Test", de los Chemical Brothers, recordando intensamente a mi hermana, viviendo el suenio de Denisse, mientras se extiende a mi izquierda una pradera de nubes y siento felicidad a ratos, y a ratos, solo el vacio que se expande dentro de mi casa.

2. HOME

Esta vez, la entrevista en aduanas fue rapida y sin contratiempos, ya tenia con quien vivir, y donde vivir, y hasta chamba. El avion se fue acercando a la tierra a eso de las 7 y media, a una ciudad recuperandose de su invierno, fresca y fria por una lluvia reciente, y desde la ventana todo era pasto mojado y pedazos de vida despertando entre los arboles y ya no me sentia en el umbral de un mundo nuevo. Mire a ese pedacito del planeta como a un espacio que empieza a ser mio, rascacielos, lineas de casas, parques, manchones verdes bajo luz violeta.

El domingo desperte infinitamente triste. Nostalgia sin limites. Y dormi infinitamente feliz. Pura dulzura.

El lunes empece a trabajar, para la misma compania de limpieza, ahora en otro lado. Nunca habia trabajado tan duro en toda mi vida. Nun-ca. Es una jornada muy intensa de 10 horas y media. Tengo media hora de descanso para comer en chinga y eso es todo. No hay ningun otro espacio para detenerse a respirar. El regimen es hitleriano, a la gente la reganian si se regarga dos segundos en la pared para tomar aire. Cada cierto tiempo me descubro diciendome en silencio "tu puedes Jimena, tu puedes". Y al final me miro con un orgullo pequenito, porque si puedo, me duelen los pies como luego de una caminata Patzcuaro-Zirahuen, y me duelen todos los musculos, y algo en mi se fortalece y aguanta.

Y hace frio, y los dias son grises, y los arboles estan pelones, pero hay brotes verdes por todos lados, y cada dia es mas largo que el anterior, y hay brotes de belleza tambien, por aqui y por alla, todos los dias, mientras se acerca la promesa del verano.

3. HOY.

A veces siento como si el puro brinco al precipicio fuera ya demasiado, esta decision de irme y dejar tantas personas y espacios luminosos para empezar de nuevo la dura tarea de una vida, reducida a la casi esclavitud por mi estatus migratorio [mientras el amor es suave y real, imperfecto y acido], como si el solo esfuerzo de respirar y moverme a lo largo de estos dias nublados se llevara consigo mi capacidad para estar viva justo como me gusta estar viva, es decir, en medio de dulces tensiones y sobresaltos. A veces siento como si mi talento para el encanto y la sorpresa (quizas mi unico verdadero talento) estuviera languidamente recargado en un espacio trasero de mi espiritu, cerrando los ojos, pidiendo reposo.

Sin embargo, todo es relevante, los labios pequenios y las miradas infinitas de J.; la euforia del dia libre; el puesto de Hot Dogs que sigue en la misma esquina de Dufferin Station y ahi, la breve conversacion con dos paisanos, tan molidos como yo (mas, seguramente), que trabajan recogiendo basura o lavando ventanas o haciendo jardineria, que acaban de llegar y no han estado aqui en el invierno y lo miran todo con esperanza y ganas de quedarse; y el arbol en la esquina de la casa que de un dia para otro ya esta cubierto de flores blancas; y la vida al lado de este hombre (duuuuulce) que se emociona (igual que yo) con los nuevos brotes o los escarabajos, y se entristece a veces tambien (igual que yo), como si lo persiguiera una llovizna; y los momentos en los que el tren sale a la superficie del mundo y muestra grupos de arboles contra un cielo blanco que no existe en Mexico, un cielo frio contra el que se recortan y se afilan las siluetas; y Velvet Underground; y las cartas y los mensajes que llegan de Mexico enviando carinio y pidiendo noticias; y de nuevo esta sensacion de la realidad desde sus sotanos, desde su orilla; promesas de lo aun no visto, aun no viajado y no hecho. Y los musculos adoloridos por el trabajo. Todo es relevante y mi corazon lo mira todo, exhausto, como detras del primer umbral del suenio.

Me muevo a lo largo de estas calles con la seguridad de los habitantes, ahora. Ya no hay miedo, como antes, ya no hay drama, buscando casa y comiendo un hot dog al dia. Hay desde el primer lunes, un trabajo, y largas jornadas, ojos vigilantes, y horarios. Rutas familiares (las mismas, todos los dias), movimientos inconscientes por las estaciones del metro a la izquierda o la derecha con el cafe en la mano por las manianas, en piloto automatico.

Y entonces, hoy, ahora. Escucho por 5a o 7a vez "Venus in Furs" a todo volumen, y estoy en High Park recargada contra un tronco (sin J., porque hoy el trabaja), hace frio pero solo un poco y el cielo es blanco y los arboles hacen dibujos de tinta china en un mundo que es sobre mi cabeza una foto a blanco y negro. Son solo huesos de arboles, sin follaje, pero estan cubiertos por brotes pequenitos, botones redondos. Viene la vida otra vez, de regreso, reapareciendo tan subitamente como desaparecio en el invierno. Son las 6 y media y hay mucha luz pero nada de sol, el cielo es blanco sin matices, el cielo es una sola nube sin orillas, y los arboles estan pintados con esbeltos derrames de tinta, y sobre mi cabeza nada tiembla con el viento, todo es hilos negros, firmes. Algo se sacude otra vez, en mi pecho o mi espalda, y estoy bien, mientras la gente corre a mi alrededor con sus perros y una mujer lee descalza el periodico con los pies recogidos, sobre una banca. Por fin siento, con alivio, como se humedecen mis ojos un poquito, y se, entonces, que soy capaz de una felicidad solo mia, que no depende de nadie, ni siquira de J., que sigo aqui para mi misma, y que el mundo todavia me conmueve.

martes 21 de abril de 2009

Así que no hay ensayos ni partitura ni guión ni nada. Estamos desprotegidos frente al espacio inmenso del tiempo que nos resta, un espacio blanco de pura incertidumbre. Alguna vez escribí que quiero llenar ese espacio con dibujos (flores con chapitas, soles sonrientes, abejas gordas, con crayolas de colores), con líneas ligeras y flotantes, y no importa si hay que tachar y rayonear un poco las hojas del tiempo en blanco; los tachones se sienten mejor que los años que transcurren vacíos, con paraguas alejándonos siempre del cielo y de la lluvia.

Chingá.

Esta ciudad hermosa-horrible. Hace unos días fui con mi mejor amiga a ver una exposición de foto, y atravesamos la unidad Nonoalco-Tlatelolco con sus columpios y su tarde de sábado y sus niños en bicicleta para enterarnos del 68 en Praga y los tanques rusos. Atravesamos el memorial del 68 mexicano para llegar al sótano donde se exhibe el 68 checo. Y luego salimos a la luz tibia y los gorriones, un gato blanco entre las ruinas prehispánicas, un servicio religioso casi desierto al interior de las puertas de la Iglesia; construida con las mismas piedras de las pirámides, por las mismas manos morenas. Y era el lugar perfecto para empezar a despedirme de la ciudad. Luz anaranjada y niños pedaleando, la vida dentro de los edificios de departamentos respirando su aire secreto de pan dulce en las mañanas y uniformes escolares. Música tenue desde alguna ventana. La gente acompasada y amable, deteniéndose a comprar nieve de tamarindo. Todas las cicatrices del lugar casi invisibles, por lo menos en el aire enrojecido de esa tarde.

Casi 7 años viviendo en esta ciudad y nunca había caminado realmente por la explanada. Hubo una matanza ahí, cientos de años antes de la otra matanza. Y luego el terremoto del 85, y edificios enteros con todas sus familias colapsando para siempre. Y ahora, aunque sea sólo por ese rato, el cielo ligeramente rosa y palomas, y gente comprando fruta en la tienda de la esquina. Un montón de cicatrices que nadie debe olvidar nunca, por supuesto, pero ahora, un respeto creciente a la forma en que entre los edificios y los jardincitos la vida va de acuerdo a su propia suave música a lo largo de las horas. Después de todo, no somos un pueblo sombrío, aunque no nos faltan razones para ser sombríos (tampoco nos han faltado razones para la suavidad y la alegría).

De ahí nos fuimos al Ollin Kan y escuchamos a una banda balcánica que hizo bailar a todos, entre otras cosas, pero como otro regalo de despedida salió “Nine Rain” a tocar en vivo la música para una película silenciosa, hecha por rusos, acerca de México. Imágenes a blanco y negro, muy bellas, y este país, cruel y dulce. Tan feo y tan bonito.

Yo soy de aquí, pero me estoy yendo. Ya casi parto, con la misma mochila sobre los hombros y ahora otras incertidumbres, más profundas. Ahí voy. Ciega. En el nombre de mi fe en el amor, aunque no sea yo una mujer de fe y certidumbres. Y todas las personas y los espacios que están ahora enraizados en mí, íntimos y profundos, laten con la luminosidad de las despedidas. El amor es J. Amor que tiembla sobre el vacío, no escrito aún sobre el tiempo en blanco. Pero el amor es también todo esto, una geografía bien conocida. Nombres que me hacen encogerme de ternura. Lazos interiores, irrompibles, que van de uno a otro estómago, que conectan glándulas y lagrimales, y retratan largos diálogos, azules. Historia. Esquinas, canciones, que evocan a momentos y personas, eternas, circulares. Una plaza por ejemplo, en la que me senté bajo la lluvia; y en la que me emocioné entre la muchedumbre, en conciertos; y en la que canté himnos, en mítines políticos; y me perdí a medias una madrugada; y en la que me paré desnuda una mañana; y me sentí deslumbrada muchas veces, de muy distintas maneras, de día y de noche, por la belleza de la ciudad, al lado de cómplices que también se deslumbraron. Y por ejemplo, la cocina donde le da por cantar y bailar a mi mamá. Y los cerritos que caminé muchas veces siguiendo la figura alta de mi padre, en Pátzcuaro. Y patios con nísperos o árboles de limón, y geranios en macetas de barro. Una cama individual compartida con mi hermana, mi ángel más cercano. Y el sábado, por ejemplo, una explanada que evoca a un pasado que no fue individualmente mío, pero es mucho más mío y más cercano que el pasado de los que viven en Praga. No debería ser así, y los dos importan lo mismo. Pero la verdad es que me palpitó el pecho cuando vi las fotos con los checos rodeando a los tanques invasores; pero me palpitó más fuerte cuando oí los testimonios sobre la manifestación silenciosa. Las raíces, chingá. Ahí están. Qué bueno. Personas, lugares, que se van conmigo, en mí.

Traigo el boleto de avión en la mano y corro hacia el precipicio resolviendo trámites de última hora, pero no me aguanta siempre la audacia. A veces cierro los ojos y corro. A veces los abro y cuestiono, y siento miedo interminable, y nostalgia triste por todo, desde las hermanas reales y adoptivas, hasta el sonido de mi idioma en mi voz, que en inglés no suena por completo como mi voz. Pero es que así soy yo, ya me conozco, me gusta la vida en papel, en ideas seductoras, en sueños, pero la realidad me sigue dando un chingo de miedo. Ya no hay de otra. Nomás hay que respirar profundo y agarrar la caja de crayolas, y dibujar la primer línea azul, o verde.