lunes, 24 de noviembre de 2014

¿Y después de las marchas?



México para mí que vivo desde hace un par de años en el extranjero es y será siempre un anhelo cargado hasta el tope con la más profunda de las nostalgias. No dejo nunca de extrañar a México. A pesar de la enorme obscuridad en la que viene hundiéndose el país, aun con el horror que se acumula y la angustia rebosada de las familias que no saben dónde están sus hijos, México es cercano, y es querido. Porque México es feo pero es bonito. Bajo el atosigue ininterrumpido de las pesadillas en México se siguen tejiendo mundos donde germina la belleza. Hay mucha valentía, coraje, capacidad para la esperanza (un delicioso e irreverente sentido del humor). El lado de México que ante tanta, tan injustificada, tan jodida violencia, sale a las calles, y se hace solidario con el dolor de 43 familias (un dolor que se repite en el dolor de miles de otras familias), el lado de México que hace propias las penas ajenas (muchas veces cargando con las penas propias), y que en el centro del miedo se hace fuerte y valeroso y acompaña con su voz las otras voces y se atreve a preguntar con seriedad cómo serían las cosas si las cosas cambiaran, es sin duda parte del lado bonito de México. Miembros de la Escuela Nacional de Música cantaron ópera en las calles del centro histórico en una de las marchas recientes y yo, mirándolo todo desde la ventanita de las redes sociales pensaba, chingá, México es raro, y germina sus propias especies endémicas, sus mundos y momentos marcados con una belleza casi surreal, y profunda. Y seguimos como país acumulando momentos y oscilando entre lo más feo y lo más bonito, encendiendo llamas que a veces se silencian a la manera de las brasas, esperando un viento que las haga crecer, a veces se quedan encendidas aguantando la oscuridad y el viento, y a veces se apagan por completo. ¿Y luego? Somos muchos los que estamos cansados de la impunidad y la corrupción y la injusticia y el abuso y la tragedia que se hace cotidiana. Pero ¿y después de las marchas? Incluso, después de este presidente, ¿qué? (seguimos catafixiando presidentes, gobernadores, presidentes municipales y hace mucho, de todos modos, que nos hundimos).

 Nos unen el dolor y el coraje y sabemos lo que no queremos, pero, ¿qué es lo que sí queremos? Ahí es donde se multiplican las versiones y las agendas y las ideologías y las maneras de imaginar a un México distinto. Si no logramos ponernos de acuerdo en lo que sí queremos y las maneras de alcanzarlo, me da miedo que luego de la coyuntura cada quien regrese a su propia agenda y a su propia versión del sueño mientras todo se sigue corroyendo y las tumbas clandestinas donde duermen miles de  desaparecidos siguen creciendo. “Hemos compartido la pesadilla pero ¿podemos compartir también los sueños?” Quizás uno de los denominadores que pueden unirnos es que estamos cansados de la clase política en su conjunto. “Que se vayan todos”. Todos. No esperamos ya ninguna respuesta de parte de los partidos políticos. Todos son cómplices del crimen. Quizás nos une también el hecho de que buscamos soluciones no violentas, y democráticas. Algunos llevan tiempo ya imaginando, ensayando, maneras más horizontales para llegar a los acuerdos y los proyectos compartidos. No se trata de depositar nuestras esperanzas en uno u otro líder, sino de encontrar caminos para ser nosotros, TODOS NOSOTROS, en todas nuestras particularidades y diferencias, los que carguemos con la responsabilidad y la esperanza de cambiar a México.

En Islandia en el   2011 tuvo lugar una revolución pacífica. Se dio a través del ejercicio de una democracia profunda, horizontal y participativa. Los islandeses, abrumados por las consecuencias de un liderazgo político corrupto e inepto (ehem, ehem), no sólo se contentaron con sacar a los líderes del poder, sino que consiguieron llenar ese vacío con las voces concertadas de la sociedad civil. Eligieron a 25 ciudadanos de entre 522 islandeses para escribir una nueva constitución. Para ser elegidos, los requisitos mínimos eran no pertenecer a ningún partido político y ser nominados por al menos 30 personas. La redacción de la nueva constitución se hizo de manera abierta, mostrando el progreso en tiempo real a través del internet. Cuando me da por soñar despierta es una solución  así la que imagino para mi país. Qué contornos tiene el México que queremos varía de grupo a grupo y de ideología a ideología. Lo que para algunos podría ser un cambio demasiado “moderado”, entre comillas, es para otros demasiado “radical”, entre comillas. Y muchos no tienen afiliación política alguna pero saben que México así como están las cosas ya no da para más. Ojalá que no sean estas diferencias las que nos acaben disolviendo hasta que otra tragedia nos empuje a compartir de nuevo las calles. Si no podemos, por ahora, estar de acuerdo con una sola versión del país que deseamos, quizás podemos ponernos de acuerdo en un proceso, un ejercicio tan profundo y substancial como el de los islandeses, para encontrar ese México juntos, y construirlo juntos. 



Si usted (amabilísimo lector) cree que todo esto es ingenuo, puede ser que así sea, pero esa es la naturaleza de los sueños: no son cálculos realistas sino apuestas desmedidas y valientes y es ese tipo de apuestas, después de todo, las que han salvado históricamente a las personas y a los pueblos. Mucho más ingenuo es pensar que la misma clase política que lleva tantos años dándonos una y otra vez la espalda va a sacarnos por arte de magia del hoyo en el que estamos. Y si usted (lector amabilísimo) afirma que este es un discurso tremendista, y lo que sucedió con los estudiantes y sus familias es una lástima pero tampoco están las cosas como para cambiar de presidentes o (mucho menos) de constituciones, aquí le paso al costo una nota reciente: la UOPEG  reporta que en Guerrero en los últimos dos años  han encontrado más de 500 cuerpos en tumbas clandestinas. La geografía de México está entrecruzada por todo tipo de cicatrices. Heridas de la más oscura especie. Iguala existe en silencio en muchas otras partes que no salen en las noticias. Si usted, a pesar del horror que toca a muchos otros, tiene de cualquier forma un buen trabajo y una vida cómoda, deténgase un momento a pensar en la angustia indecible de no saber dónde están sus hijos, o su hermana, o su padre (en serio, cierre los ojos e imagine esa angustia personal y concreta). “Cuente hasta 43”. Luego multiplique esa cuenta cientos de veces. No pueden naufragar las cosas tanto, por tanto tiempo, para tantas personas, con tanta impunidad, sin que se vaya cerrando el cerco que imaginariamente nos protege.